Lentejas

Hola a todos, paz y bien:

¿Hasta dónde estamos dispuestos a ceder por miedo a perder lo que creemos seguro? Muchas veces nos acomodamos en un puesto, en un sueldo, en la seguridad familiar o en una posición social, aun siendo conscientes de que ese no es nuestro sitio. Y lo hacemos, además, sin darnos cuenta de que todo eso que protegemos puede desaparecer de un día para otro.

Hace tiempo leí un cuentecillo de Anthony de Mello que suelo tener muy presente en mis decisiones y que habla de esto mismo. Una reflexión sobre qué estamos dispuestos a sacrificar por mantener nuestra autonomía, nuestro pensamiento, nuestra dignidad.

Aquí os lo comparto:

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“Estaba el filósofo Diógenes cenando lentejas cuando le vio el filósofo Aristipo, que vivía confortablemente a base de adular al rey.
Y le dijo Aristipo: ‘Si aprendieras a ser sumiso al rey, no tendrías que comer lentejas’.
A lo que replicó Diógenes: ‘Si hubieras tú aprendido a comer lentejas, no tendrías que adular al rey’.”
(Anthony de Mello)

Ya veis. Diógenes elige lentejas, pero duerme tranquilo. Aristipo duerme en sábanas de seda, pero bajo la mirada del rey. Y eso, quizá, lo cambia todo. ¿Verdad?

Un fuerte abrazo… de los que nos dan autonomía,

Fernando
Odres Nuevos

Etapas

Hola a todos, Paz y Bien:

Hoy hablaba con un amigo de volver a hacer el Camino de Santiago. Es una experiencia buenísima que os recomiendo a los que no lo hayáis hecho aún. Tengo la gran suerte de haber hecho el Camino más de diez veces, partiendo de diversos puntos: Roncesvalles, León, Valladolid, Samos, Logroño, Tui…

El Camino de Santiago, como sabéis, se divide en etapas, vayas andando, en bicicleta o a caballo. Y yo creo que es importante no saltarte ninguna. No intentar avanzar más rápido de la cuenta. No querer llegar antes a Santiago. Cada etapa tiene su tiempo, su entorno, su gente y su descanso.

En la vida, muchas veces, nos pasa lo mismo. Queremos saltarnos etapas intermedias, las que consideramos rutinarias, las que vemos sin mayor interés.

Os quiero compartir una historia que leí hace mucho tiempo al grandísimo jesuita Carlos G. Vallés, en la que narra la experiencia que vivieron Michael Caine y Sean Connery durante el rodaje de El hombre que pudo reinar, en uno de los trayectos que hacían hacia Marrakech.

“Michael Caine y Sean Connery, durante el rodaje de una película en Marruecos, iban a Marrakech en un jeep cuando vieron en la carretera polvorienta a un anciano que caminaba lentamente con una gran carga sobre sus hombros. Pararon el vehículo e invitaron cordialmente, en francés, al buen hombre a subirse con ellos, una vez que les dijo que iba al mismo sitio.

El anciano les contestó dulcemente:
—Sí, podría ir con ustedes y llegaría dos días antes, que es lo que me va a costar a mí el camino andando, y me ahorraría el polvo y el cansancio. Por todo ello, les agradezco a ustedes su delicadeza en parar e invitarme. Pero miren, por favor, la situación por un momento desde mi punto de vista.

Yo hago todos los años este mismo camino en esta época. Me paro en lugares donde me conocen y saludo a mis amigos que esperan mi paso. Si no los veo, echaré de menos su compañía anual, y ellos incluso creerán que yo he fallecido si no me ven, pues saben que soy ya viejo y que no he de faltar a la cita mientras pueda, pues nunca he faltado en los últimos cuarenta años.

Además, señores, les digo de verdad: si voy con ustedes, llegaré dos días antes. Pero ¿de qué me sirve a mí llegar dos días antes? Los mismos días he de estar, llegue antes o llegue después. Estaré lo que dure la venta de mis mercancías, y me volveré cuando las acabe, como siempre he hecho y como haré siempre. No tengo citas ni conozco calendario. Mis caminos los miden mis pies, y mis días los cuentan mis andares.

Acepten, por favor, mi gratitud, pero permítanme seguir mi camino a mi paso”.

Michael Caine comenta: “No era una lógica muy occidental, pero sí una buena lección para nosotros los occidentales”. (Carlos G. Vallés)

En la sociedad de las prisas en que vivimos, nos empeñamos en lo inmediato, en querer todo al momento, en llegar a los sitios cuanto antes… sin pararnos a pensar en las «etapas» que nos saltamos con esta «inmediatez». En los caminos que no disfrutamos. En las personas con las que no compartimos…

El texto me recuerda una parte de mi día a día. Los que me conocéis ya lo sabéis, así que, para los que me vais conociendo: yo desayuno todas las mañanas (de lunes a viernes), desde hace ya muchos años, en el mismo bar… todas las mañanas. Hay días que tengo alguna reunión a primera hora, o voy con más prisa de lo habitual, y ese día no puedo ir. Entonces me ocurre como al mercader del texto, que al día siguiente los camareros me preguntan: —¿Qué pasó ayer, que no viniste?

Pues eso, muchas veces merece la pena no coger el jeep, aunque vayan dentro Michael Caine y Sean Connery (sé que es difícil, sé que es difícil, jeje), y caminar despacio, disfrutando del entorno y de las personas que encuentras en cada etapa.

Un fuerte abrazo… de los que se dan en el Camino,

Fernando
Odres Nuevos

Escucha

Hola a todos, Paz y Bien

Necesitamos escuchar y que nos escuchen. Oír es una función básica del sistema auditivo. Es involuntaria, no requiere de interpretación ni concentración en lo que se oye. Es simplemente la percepción del sonido.

Escuchar implica mucho más. Es un acto consciente que nos obliga a prestar atención, a concentrarnos y poner intención de interpretar lo que estamos escuchando.

Si entramos en el ámbito de las relaciones interpersonales, deberíamos dar un paso más y enfocarnos en la escucha activa, donde no solo debemos prestar atención a las palabras de la persona que nos habla, sino también a su lenguaje corporal, al tono, incluso a las emociones que nos transmite. Y, sobre todo, como decía Stephen R. Covey, escuchar con la intención de comprender lo que nos están diciendo, no con la intención de responder. Escuchar sin juzgar, sin estar predispuesto a dar nuestra opinión, nuestro consejo o nuestra interpretación.

Escuchar de manera consciente es valorar a la persona que te está hablando. Es dar importancia a lo que nos quiere expresar, a sus vivencias, a su vida. Decía San Luis, Rey de Francia, que escuchar con paciencia es, a veces, mayor caridad que dar.

Os dejo con una reflexión que se atribuye a Marco Aurelio sobre la escucha:

“Acostúmbrate a prestar atención a lo que dice otra persona y, en la medida de lo posible, procura entrar en su mente. Por lo general, primero hay que aprender muchas cosas antes de poder juzgar la acción de otro con conocimiento.”

¿Qué más decir? Pues eso, que te escucho.

Un fuerte abrazo… de los que escuchan incluso el silencio,

Fernando
Odres Nuevos

Hábitos

Hola a todos, Paz y Bien:

Si buscas en internet cuánto se tarda en afianzar un hábito, te encontrarás con múltiples respuestas. La más conocida —aunque parece que no cierta— es que un hábito se consolida en 21 días. Como os digo, parece que esto no es así. Las investigaciones más serias hablan de más de dos meses para establecerlo. Y claro, en esta sociedad de las prisas y la inmediatez en la que vivimos, para muchos eso ya es una eternidad.

Vemos a alguien en buena forma física y pensamos que, apuntándonos al gimnasio, en una semana estaremos igual. Nos encantaría aprender idiomas, pero —eso sí— queremos resultados inmediatos, en cuestión de días. Y así nos pasa con tantos y tantos proyectos que iniciamos y no acabamos.

Dicen los estudios más rigurosos que si estableces un plan de acción sobre el hábito que quieres adquirir —cómo llevarlo a cabo, dónde y cuándo—, tendrás el triple de probabilidades de lograrlo. A esto se le llama “intención de implementación”. Otro aspecto clave para conseguir un cambio es centrarse en uno solo cada vez. Si intentas iniciar varios hábitos al mismo tiempo, lo más probable es que no consolides ninguno.

Vivimos en la época del “clic”: todo al instante, sin movernos del sofá. Vemos algo que nos gusta, apretamos un botón y, muchas veces, ese mismo día lo tenemos en la puerta de casa. Y si no nos satisface, otro clic y lo devolvemos. Pues bien, con estas alforjas de inmediatez pretendemos hacer el camino de cambiar un hábito, emprender un nuevo proyecto o alcanzar una nueva meta… y así nos va.

Nos estamos acostumbrando a lo inmediato y dejamos pasar muchas cosas que requieren de otros tiempos: los cambios, los nuevos proyectos, incluso preparar la comida o mantener la relación con los amigos. Todo necesita su tiempo. Seguro que os ha pasado alguna vez de preguntar a vuestras madres o abuelas: ¿Cuánto tiempo dejo el guiso para que se haga bien? Y obtener la mejor de las respuestas posibles: “lo que te pida”. Pues eso, que hay muchas cosas en la vida que no son inmediatas y hay que dedicarles el tiempo que te pidan.

Termino con una fábula de Samaniego —muy en línea con el esfuerzo que supone cualquier cambio— que me gusta desde pequeño. Y, como buena fábula, consigue narrar, ilustrar y enseñar:

Subió una mona a un nogal,
y cogiendo una nuez verde,
en la cáscara la muerde;
con que la supo muy mal.
Arrojola el animal,
y se quedó sin comer.
Así suele suceder
a quien su empresa abandona,
porque halla, como la mona,
al principio qué vencer.

Un fuerte abrazo… esos que duran «lo que pida»,

Fernando
Odres Nuevos

Septiembre

Hola a Todos, Paz y Bien

Leí hace unos días un artículo de Adela Baldera, que me gustó mucho. Hablaba de lo que septiembre nos enseña: un enero disfrazado, tiempo de nuevos propósitos, nostalgia de lo vivido e ilusión por lo que viene…

Septiembre también nos recuerda lo importante de parar (en todos los sentidos): parar rutinas, actitudes, dinámicas, trabajos e, incluso, parar pensamientos.

Nos hace darnos cuenta de lo importante que es dedicarnos tiempo a nosotros mismos —ya sea acompañado o a solas, lleno de actividad o sentado mirando el correr de un río—, y compartir con la familia y los amigos. Esa es una buena palanca en la que apoyarnos e impulsarnos para afrontar el día a día.

Nos hace comparar nuestra manera de vivir con los ritmos de la gente de los lugares que hemos visitado —muchas veces pequeñas poblaciones o el pueblo familiar—, y nos lleva a caer en la cuenta de que una vida más sencilla y pausada también es posible. Buscar el equilibrio entre el trabajo y el descanso, la ambición y la vida interior, el hacer y el ser.

Como enero, septiembre nos lleva a nuevos propósitos de vida, fraguados en esos momentos de desconexión. Algunos pueden ser utópicos, pero otros son muy realizables. Yo me he propuesto —espero cumplirlo— hacer una pequeña reflexión diaria, quizá una simple frase, y mandarla a mis contactos. Si estás entre ellos, empezarás a recibirla; y si no estás entre ellos y quieres recibirla, no dejes de escribirme (también si no quieres recibirla, jeje).

Os dejo con un versículo del Eclesiastés que habla de ese equilibrio vital: «Más vale una mano llena de descanso que dos puños llenos de trabajo y correr tras el viento». (Eclesiastés 4:6)

Un fuerte abrazo… de esos que se dan al encontrarse en septiembre,

Fernando
Odres Nuevos