Hola a todos, Paz y Bien.
Miércoles de Ceniza. Comenzamos la Cuaresma.
Un gesto sencillo, casi silencioso, que no pretende impresionar a nadie, pero que dice mucho al mundo.
En una sociedad que corre, que exige resultados inmediatos, que —en parte deshumanizada— mide el valor de las personas por lo que producen o aparentan, aceptar la ceniza nos lleva a reconocer lo esencial: no somos lo que producimos o acumulamos —que un día será también ceniza—; somos tiempo que avanza y camino que se hace paso a paso. Somos frágiles… y, precisamente por eso, profundamente humanos.
Así comienza la Cuaresma: una invitación a parar y a mirar nuestro interior.
Un tiempo en el que el ayuno no sea solo dejar de comer, sino ayunar de prisas, de ruido, de indiferencia. Escuchar más. Cuidar mejor.
En este 2026, tan lleno de avances, tan conectado y desconectado a la vez, la Cuaresma sigue siendo una oportunidad preciosa: volver al corazón, recuperar lo humano, dejar que Dios nos rehaga por dentro, con paciencia y ternura… dejándonos hacer.
Un abrazo… de los que sostienen lo frágil,
Fernando
Odres Nuevos
Os adjunto también el mensaje del Papa León XIV para la Cuaresma 2026. «Escuchar y ayunar. La Cuaresma como tiempo de conversión»

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