Septiembre

Hola a Todos, Paz y Bien

Leí hace unos días un artículo de Adela Baldera, que me gustó mucho. Hablaba de lo que septiembre nos enseña: un enero disfrazado, tiempo de nuevos propósitos, nostalgia de lo vivido e ilusión por lo que viene…

Septiembre también nos recuerda lo importante de parar (en todos los sentidos): parar rutinas, actitudes, dinámicas, trabajos e, incluso, parar pensamientos.

Nos hace darnos cuenta de lo importante que es dedicarnos tiempo a nosotros mismos —ya sea acompañado o a solas, lleno de actividad o sentado mirando el correr de un río—, y compartir con la familia y los amigos. Esa es una buena palanca en la que apoyarnos e impulsarnos para afrontar el día a día.

Nos hace comparar nuestra manera de vivir con los ritmos de la gente de los lugares que hemos visitado —muchas veces pequeñas poblaciones o el pueblo familiar—, y nos lleva a caer en la cuenta de que una vida más sencilla y pausada también es posible. Buscar el equilibrio entre el trabajo y el descanso, la ambición y la vida interior, el hacer y el ser.

Como enero, septiembre nos lleva a nuevos propósitos de vida, fraguados en esos momentos de desconexión. Algunos pueden ser utópicos, pero otros son muy realizables. Yo me he propuesto —espero cumplirlo— hacer una pequeña reflexión diaria, quizá una simple frase, y mandarla a mis contactos. Si estás entre ellos, empezarás a recibirla; y si no estás entre ellos y quieres recibirla, no dejes de escribirme (también si no quieres recibirla, jeje).

Os dejo con un versículo del Eclesiastés que habla de ese equilibrio vital: «Más vale una mano llena de descanso que dos puños llenos de trabajo y correr tras el viento». (Eclesiastés 4:6)

Un fuerte abrazo… de esos que se dan al encontrarse en septiembre,

Fernando
Odres Nuevos