Hola a Todos, Paz y Bien
Las residencias rurales cumplen una función discreta, pero esencial. Atienden a las personas mayores de la localidad donde se encuentran y de los municipios cercanos, evitando que, cuando llega el momento de necesitar cuidados, tengan que abandonar su entorno y trasladarse a otro lugar para encontrar atención residencial.
Son, además, un motor de empleo local: generan trabajo estable para vecinos del municipio y actividad para numerosos servicios del territorio.
No lo tienen fácil. En muchos pueblos cada vez hay menos habitantes y, con ello, también menos personas disponibles para trabajar en el sector de los cuidados. Por eso se esfuerzan cada día por atraer y retener profesionales. Un personal imprescindible no solo para la atención diaria, sino para algo mucho más profundo: que las personas puedan seguir viviendo cerca de su historia y de su gente, y que familiares y amigos puedan mantener el contacto cotidiano con su ser querido.

Es el caso de la Residencia Nuestra Señora del Rosario, en Medina de Pomar (Burgos), perteneciente a Lares Castilla y León. Un centro con más de cien años de presencia y de cuidados.
Ha sido una verdadera alegría poder visitarla y pasar un rato muy agradable con Marta, su directora, y comprobar de primera mano que, a las dificultades conocidas que afectan a todo el sector —recursos limitados, falta de personal, salarios ajustados—, en el medio rural se suman además retos propios del territorio.
Sin embargo, lo más interesante de la conversación no fueron los problemas, sino la capacidad de buscar soluciones: nuevos recursos, alianzas con instituciones del municipio —como la guardería situada a apenas cien metros, donde cada semana los niños comparten el desayuno con los residentes—, o servicios abiertos a la comunidad, como la fisioterapia o el cuidado del propio equipo de trabajadores.
Es muy importante apoyar y no perder estos centros que vertebran la vida de muchas pequeñas localidades. Generan riqueza, crean empleo, ayudan a fijar población y, sobre todo, mantienen vivos los vínculos y la memoria de cada comunidad.
Fortalecer las residencias rurales es también cuidar los pueblos. Gracias a ellas muchas personas pueden envejecer donde siempre han vivido, cerca de sus familiares, de sus vecinos y de su historia: mirar por la ventana y reconocer el paisaje de siempre, seguir compartiendo fiestas, paseos y conversaciones con la gente de toda la vida.
Gracias, Marta, por todo vuestro trabajo. Cien años de presencia y de cuidados. De hacer posible que las personas mayores puedan seguir en su entorno y que la comunidad no pierda a quienes han construido su historia. ¡Enhorabuena!
Un abrazo… centenario,
Fernando
Odres Nuevos
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