Inversiones Cuaresmales…

Hola a Todos, Paz y Bien

Qué,  a que suena bien el título de la entrada de hoy: “Inversiones Cuaresmales“, pues el texto que complementa a este título es mucho mejor, os lo aseguro.

El texto es una reflexión de mi queridísima Dolores Aleixandre, publicado en Alandar, sobre la Cuaresma.

Como no hace falta que os presente a Dolores, porque ya sabéis lo bien que escribe, os dejo directamente con las “Inversiones Cuaresmales”.

El texto tiene miga… luego me comentáis qué os suscita a vosotros.

Un abrazo… de los que siempre son una buena Inversión,

Fer

Pincha en “Continuar Leyendo” para ir al Texto de Dolores Aleixandre

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INVERSIONES CUARESMALES

La Cuaresma ya no es lo que era: la vigilia de los viernes ha decaído mucho y hasta Paul McCartney recomienda los “lunes sin carne”; ya no se tapan con telas moradas los santos de las iglesias y no hay estrenos de cine el sábado de gloria porque tampoco hay ya sábado de gloria, así que el imaginario cuaresmal no pasa por sus mejores momentos. Bien es verdad que hay intentos creativos por mantener su antiguo rigor, como el de un grupo de jóvenes (“Cofradía del esparto” creo que se llaman) que reciben un lazo de cuerda después de la ceniza y se comprometen a toda clase de abstinencias cuaresmales.

Como imagino que esta cofradía suscitará escaso entusiasmo en los lectores de alandar, aporto una escena de la vida del profeta Jeremías que puede darnos otras ideas: estamos en 587 a.C., en una Jerusalén sitiada por Nabucodonosor y sus tropas y sus habitantes, conscientes de que les quedan tres telediarios para irse deportados a Babilonia. En medio del frenesí general por vender casas y tierras para llevarse dinero líquido al destierro, Jeremías toma la decisión de comprarle una finquita rústica a su primo Hanamel, inversión totalmente absurda porque nadie daba dos duros por la posibilidad de retornar. Quizá más de uno se burló de aquel gesto ridículo que sonaba a otra extravagancia más de aquel hombre contradictorio que siempre iba a contracorriente: “¿Qué director de banco le habrá aconsejado esta inversión estúpida?”, se preguntarían muchos. “¿Es que no lee las páginas de economía de los periódicos ni consulta las tendencias actuales de la Bolsa?” Pues no, no las consultaba, bastante tenía con estar atento y dejarse conducir por una Palabra que le empujaba a vivir expuesto al riesgo extremo y le invadía como un fuego que le quemaba hasta los huesos. “Así que compré el campo de Anatot a mi primo Hanamel en presencia de testigos y ordené a Baruc mi secretario: “Toma estos contratos, el sellado y el abierto, y mételos en una jarra de barro para que se conserven muchos años. Porque así dice el Señor, Dios de Israel: Todavía se comprarán casas y campos y huertos en esta tierra” (32, 10-16).

La compra del campo era una manera de confirmar su absoluta confianza en ese “todavía…” futuro, dejando atrás la convicción de que la angustia presente había echado la última firma sobre la realidad. Inspirados por ese gesto inútil de Jeremías, podemos dedicar la Cuaresma a alguna inversión parecida, apoyándonos en otras gentes que ya han comprado “campos de causas perdidas”: los que adoptan posturas contraculturales que carecen de plausibilidad. Los que se desvelan por personas o grupos no cualificados ni rentables, carentes de influencia y de significación social, desprovistos de posibilidades de futuro. Los empeñados en seguir usando medios sencillos, obstinados incomprensiblemente en no apoyarse en el dinero o en el poder. Los que buscan a Dios más allá del ámbito de lo sagrado, en las fronteras donde viven los que lo tienen todo en contra. Los que trabajan sin que brille el mérito propio y se entregan a fondo perdido sin esperar nada a cambio.

Apuntarnos con ellos a esta Cofradía de Inversores Insensatos y ensayar juntos esos gestos de entregarse sin calcular, de arriesgar más allá de lo útil, de aguantar la sonrisa burlona de los VIPS y de permanecer en una confianza sin evidencias. Porque es eso lo que nos ha quedado como memoria viva de la Pascua de Jesús.

Ya se le había adelantado un poco Jeremías, escondiendo en tierra aquella jarra de barro que guardaba los contratos de su compra del campo y en la que latía también, como una semilla viva, la desmesura de su esperanza.

Dolores Aleixandre

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Me ha encantado el Texto… vivir la cuaresma en un “desvelo”, un “interes”, una “inversión” por personas o grupos no cualificados ni rentables, carentes de influencia y de significación social, desprovistos de posibilidades… donde viven los que lo tienen todo en contra. Los que trabajan sin que brille el mérito propio y se entregan a fondo perdido sin esperar nada a cambio…

En definitiva, vivir la cuaresma como una Inversión en aquello en lo que nadie invertiría, y menos en estos tiempos que corren, verdad? Pero… qué es el Evangelio, sino una “Inversión en aquello en lo que nadie invertiría”? Al menos voy a intentarlo.

Ahora te toca a tí… ¿Cuál es tu inversión de cuaresma?

Un fortísimo abrazo a todos,

Fer

11 pensamientos en “Inversiones Cuaresmales…

  1. Fer: Qué pertinente ha sido este texto, me ha venido tan bien ahora que pasamos una pena tan grande en nuestra frontera de Cd. Juárez en México, cruce a El Paso, Texas en USA, al parecer el punto fronterizo más grande del Planeta, y hoy por hoy uno de los más conflictivos, al menos para mi país y por quien les pido su oración siempre solidaria, y cómo dices en México en el Corazón, estamos atentos y orando los unos por los otros.
    El señor los colme de bendiciones, incluyendo su apoyo financiero para 2010.

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  2. Agradezco a D. Alexandre su precioso comentario y a Fer sus aportaciones que hace mucho no comento ni digo ¡gracias!.
    Me encanta la Cuaresma DE LA ESPERANZA, porque es como nos dice el Papa, el tiempo cuaresmal de la justicia.
    Deseo enterrar en mi pequeño terreno de apostolado juvenil una jarra con un contrato de ILUSION EN EL FUTURO y esperanza en estos jóvenes y en el mundo de los pobres. Pienso mucho en Haití y me parece una apuesta
    por un futuro mejor con semillas de cruz y redención.
    Gracias Fer.

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  3. Muchas gracias, Fer, por esta reflexión sobre Jeremías. Y por presentar la Cuaresma en positivo. Hemos subrayado tanto los sacrificios y renuncias (¿a qué se comprometen los de esa cofradía espartana?), que nos olvidamos que, en cualquier caso, eso es como la poda de un rosal o de una vid: para que surja con nueva savia la primavera.

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  4. Hola Fer,

    Muy bueno el texto de Dolores, sí señor.

    Como dice Nachete, el último párrafo es para leerlo 10 o más veces. Esa esperanza y esa confianza, esa semilla latiente, esperando en un campo que todos daban por perdido, me hace pensar dónde gurado yo mi ánfora con los contratos, con mis anhelos y esperanzas. ¿Dónde enterré mi confianza y mi esperanza?

    Tomaré este periodo de Cuaresma para buscarla.

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  5. “Ya se le había adelantado un poco Jeremías, (A LA PASCUA DE JESUS ) escondiendo en tierra aquella jarra de barro que guardaba los contratos de su compra del campo y en la que latía también, como una semilla viva, la desmesura de su esperanza.”
    Me ha gustado mucho tío. Pero cuando he llegado al último parrafo, lo he leido 10 veces… Tiene tanta fuerza la imagen de la esperanza, de aquello en lo que nuestro corazon anhela y desea siempre y todavía, que no puedo añadir nada más. Enhorabuena Dolores. Me apunto a la cofradía (a la del esparto no, por DIos).
    Ahora: ojo con enterrar demasiado hondo nuestras esperanzas de reino, no sea que no las encontremos cuando trinfe el Amor.

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  6. Me encantaría arriesgarme y confiar como Jeremías y comprar esa parcela “sin sentido alguno”. Me encantaría hacer esa inversión en la que sé que no voy a obtener ningún beneficio, quizá obtenga alguna pérdida. Me encantaría aventurarme a la “Intemperie” que decía Puri.

    Fer, me encantó lo de: “¿Qué es el Evangelio, sino una “Inversión en aquello en lo que nadie invertiría”? Me ha hecho pensar en cómo vivo yo ahora el Evangelio, desde mi posición de “Poder”, “Asentada”, “Interesada”, “Beneficiosa”…

    Yo, como tú, al menos voy a intentarlo. Voy a intentar hacer esa inversión no de beneficios, sino de confianzas.

    Un abrazo enorme también para ti.

    Rosa

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  7. Vivir a la intemperie. Así es la invitación a desvelar y desvelarnos en la Cuaresma. La intemperie. No sé por qué me gusta tanto esta palabra, cuando sin duda, me recuerda que vivo instalada en la seguridad de “los que valen, los que cuentan”. Optar por lo “políticamente ridículo” no es rentable. El Evangelio tampoco… Es cuestión de lanzarse y vivir ilusionados con la Pascua de lo eterno. Inversión inútil para unos, descabellada para otros; para nosotros, inversión evangélica. Poco perdemos si tenemos a Dios de nuestra parte… Gracias por compartir tantas cosas con nosotr@s, Fer.
    Un beso

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