Cuando llegue la gente

Hola a todos, Paz y Bien.

Sigo de viajes y reuniones y, por ello, sigo siendo impuntual con mis reflexiones. El lado positivo es la cantidad de nuevas anécdotas que se van acumulando para compartir.

Ayer volvía a Madrid en el AVE y me fijé en el nerviosismo de muchos pasajeros —casi diría de la mayoría—, desde que anuncian la vía hasta que toman posesión del asiento asignado.

Pensaba: todos tenemos un sitio reservado. Al contrario que en los aviones, hay espacio suficiente para quienes llevan una maleta grande y para los que vamos con lo puesto o, como mucho, con una mochila. Tiempo hay, y de sobra, para subir al tren… pero, desde el mismo momento en que se anuncia la vía de salida por megafonía, nos entran las prisas y queremos ser los primeros en llegar a nuestro sitio. Como si, ya en la estación y sin una urgencia real, el tren fuera a salir sin esperarnos.

Me vino a la memoria el libro Ébano, donde el escritor polaco Ryszard Kapuściński narra, desde su enfoque como reportero, su vivencia en África. Me acordé del pasaje en el que el periodista tiene que coger un autobús para ir de una ciudad a otra:

“Nos subimos al autobús y ocupamos los asientos. En este momento puede producirse una colisión entre dos culturas, un choque, un conflicto. Esto sucederá si el pasajero es un forastero que no conoce África. Alguien así empezará a removerse en el asiento, a mirar en todas direcciones y a preguntar: «¿Cuándo arrancará el autobús?»
—«¿Cómo que cuándo?», le contestará, asombrado, el conductor. «Cuando se reúna tanta gente que lo llene del todo.»” (Ébano – R. Kapuściński)

Esta anécdota le da a Kapuściński una reflexión más amplia: los europeos dependemos del tiempo para existir y funcionar, mientras que en África es el hombre quien influye sobre el tiempo, sobre su ritmo y su transcurso.

“El tiempo es una realidad pasiva y, sobre todo, dependiente del hombre. Todo lo contrario de la manera de pensar europea. Traducido a la práctica, eso significa que si vamos a una aldea donde por la tarde debía celebrarse una reunión y allí no hay nadie, no tiene sentido la pregunta: «¿Cuándo se celebrará la reunión?» La respuesta se conoce de antemano: «Cuando acuda la gente.»” (Ébano – R. Kapuściński)

Sé que en nuestra sociedad de las prisas y de la productividad esto es imposible. Pero sería genial ir tranquilo a los trenes, a los aviones y a las reuniones, sabiendo que no saldrán ni comenzarán… hasta que acuda la gente.

Un abrazo… de los que solo se pueden dar cuando los dos llegan.

Fernando
Odres Nuevos

Reflexión entre vagones

Hola a todos, Paz y Bien.

Estos últimos días, entre jornadas intensas y viajes, no he conseguido sentarme a compartir la reflexión diaria. Hoy, el coche en silencio del AVE me da un respiro para redactar unas letras.

Como sabéis, hace unos días se celebraron los Premios Princesa de Asturias, y el galardonado con el premio de Comunicación y Humanidades 2025 fue el filósofo alemán de origen surcoreano Byung-Chul Han.
Los que me conocéis sabéis cuánto me gusta este autor, al que sigo desde hace años y al que he citado en muchos de mis comentarios y artículos.

Hoy mi reflexión es compartiros el discurso que dio en la ceremonia —es corto, se lee rápido, pero es profundo—, con ideas tan importantes como estas:

“El teléfono inteligente puede ser una herramienta utilísima. No habría problema si lo usáramos como instrumento. Lo que ocurre es que, en realidad, nos hemos convertido en instrumentos de los smartphones. Es el teléfono inteligente el que nos utiliza a nosotros, y no al revés.”

O:

“La realidad es que vivimos en un régimen despótico neoliberal que explota la libertad… Uno se imagina que es libre, pero, en realidad, lo que hace es explotarse a sí mismo voluntariamente y con entusiasmo, hasta colapsar. Ese colapso se llama burnout. Somos como aquel esclavo que le arrebata el látigo a su amo y se azota a sí mismo, creyendo que así se libera.”

Yo, para celebrar este gran y merecido premio, me he regalado/comprado en una de las librerías de Atocha —que, sorprendentemente, aun siendo una tienda de paso de estación, siempre tiene libros interesantes— Sobre Dios, también de Han. He hojeado —de pasar hojas— un poco el libro y contiene reflexiones interesantísimas sobre la falta de atención que padecemos actualmente:

“La crisis actual de la religión no puede atribuirse sin más al hecho de que ciertos contenidos de la fe hayan perdido su validez, de que ya no creamos en Dios o de que la Iglesia haya agotado toda su credibilidad… Entre ellas se encuentra el declive de la atención. La crisis de la religión también es, por tanto, una crisis de la atención, una crisis de la vista y del oído. No es Dios quien ha muerto, sino el ser humano al que Dios se revelaba.”

No me extiendo más. Os dejo con el discurso para que lo disfrutéis, y yo me quedo con el libro para, igualmente, disfrutar de lo que me queda de viaje.

Un fuerte abrazo… de los que se dan en las estaciones,

Fernando
Odres Nuevos

Voces centenarias

Hola a todos, Paz y Bien.

Esta mañana he participado en una jornada a la que me ha invitado AESTE (Asociación de Empresas de Servicios para la Dependencia), bajo el título: “100 años de vida, 100 años de legado: voces centenarias y cuidados en el envejecimiento”.

Ha sido una maravilla —y un privilegio— poder escuchar el testimonio de vida de cuatro residentes, todos mayores de cien años, presentes en el acto.

AESTE ha elaborado un estudio de investigación entre sus residencias de mayores, con un enfoque específico y cuantitativo, para evaluar las características y el estado de bienestar de los residentes centenarios. Un estudio muy interesante, que bien podría extrapolarse al resto de residencias de mayores en España e, incluso, a la sociedad en general. Algunos datos destacados: el 86,3 % de las personas centenarias en residencias son mujeres. El 41 % mantiene un funcionamiento cognitivo normal o presenta solo un deterioro leve. Y el 9,4 % conserva una independencia total.

Actualmente, AESTE cuenta con 1.146 residentes mayores de 100 años en sus centros. Resulta llamativo saber que la mayoría de ellos ingresaron hace, de media, entre tres y cinco años, lo que indica que las personas mayores permanecen cada vez más tiempo en sus domicilios. Este dato rompe con la idea de fragilidad o dependencia absoluta en edades avanzadas, y consolida a las residencias como espacios de permanencia, acompañamiento y estimulación.

Y hasta aquí los datos. Porque lo más hermoso de la jornada fue, sin duda, escuchar a estos residentes centenarios. Su sabiduría, su historia de vida. Su capacidad de adaptación a los cambios —en especial los tecnológicos— de una sociedad que avanza a toda velocidad. Nos decía María, de 105 años: “Yo no salgo a ningún lado sin el móvil en el bolso”.

Pero, sobre todo, nos regalaron consejos valiosos dirigidos a las nuevas generaciones:

  • “Sed positivos en la vida. Ser positivo, pensar bien, te lleva a ser buena persona”.
  • “No dejéis de hacer deporte, de bailar. Manteneos lo más activos posible”.
  • “En la vida hay que esforzarse para conseguir las cosas. Hay que trabajar duro”.

Todos ellos han vivido momentos felices, y también duros. Al recordar el periodo de guerra, nos interpelaban con la serenidad que solo dan los años: “Parece que ahora la gente no quiere entenderse. No se escuchan”.

En la inauguración del acto, el Viceconsejero de Familia, Juventud y Asuntos Sociales de la Comunidad de Madrid, Pablo Gómez-Tavira, nos decía: “Donde hay un mayor, suele haber conciliación e integración”. Y lo ilustraba con un ejemplo cotidiano: cuando en una reunión familiar el ambiente se tensa, suele haber una persona mayor que, con una simple frase, calma los ánimos: “Venga, no os enfadéis, que no merece la pena”.

Hay una frase de la escritora austriaca Marie von Ebner-Eschenbach que resume muy bien los consejos que nos han transmitido y que —al menos en mi caso— me interpelan profundamente: pensar en positivo, ser buenas personas, esforzarse, no enfadarse por cosas menores…

«En la juventud aprendemos, en la vejez entendemos.»

Un abrazo enorme… de esos que concilian e integran,

Fernando
Odres Nuevos

Celebrar la Vida

Hola a todos, Paz y Bien.

Hoy cierro por cumpleaños. Dejo a un lado los correos y las redes. No pasa nada si no contesto, si algo queda pendiente o si no publico nada. Hay momentos que no necesitan ser compartidos, solo vividos. Hoy toca apagar pantallas y encender velas.

Cumplir años es mucho más que sumar tiempo; es renovar el asombro por estar aquí, por poder reír, abrazar, besar a tu gente y sentir. Hoy el mejor plan es detenerse un instante, mirar alrededor y celebrar —con la familia y con la gente que siempre está cerquita— lo más grande que tenemos: la vida.

Un abrazo… de cumpleañero feliz.

Fernando
Odres Nuevos

Lo esencial

Hola a todos, Paz y Bien.

Hoy me ha llegado un artículo de James Clear que habla de cómo el orden y el ambiente en el que trabajamos mejoran nuestro rendimiento. Cita varios ejemplos muy acertados: “Nos ponemos a redactar un documento en casa en el momento de los baños y la cena, con los niños corriendo y gritando por los pasillos”, o “Tratamos de concentrarnos en algo importante, mientras no paramos de mirar el móvil con sus mil distracciones”.

Habla de la importancia de ser conscientes de los puntos de tensión y distracción de nuestro entorno que consumen nuestro tiempo y energía y, en la medida de lo posible, eliminarlos —con los niños, claro está, esto no es posible—, o al menos buscar la manera de que no nos afecten directamente.

En la década de los 70, las fábricas automovilísticas japonesas se dieron cuenta de que, mejorando el orden y la ubicación de las herramientas de sus mecánicos —de forma que no tuvieran que perder tiempo en localizarlas, sin necesidad siquiera de girarse para alcanzarlas—, aumentaban la eficiencia de los procedimientos y la producción general. Este pequeño ajuste organizativo permitió, en su momento, que las fábricas japonesas superaran en fiabilidad y calidad a los vehículos estadounidenses.

Y no solo influye el orden: también simplificar los procedimientos. El gobierno británico quiso aumentar la recaudación de impuestos que muchos ciudadanos dejaban de pagar y acababan siendo reclamados por vía ejecutiva, con la consiguiente pérdida de tiempo y el malestar del que tenía que pagar el tributo con intereses. Para ello, en lugar de hacer lo de siempre —remitirles a la web de la agencia tributaria correspondiente, donde buscar el apartado, la sección y el impuesto en cuestión—, les facilitaron un vínculo directo al formulario de pago, eliminando así tres o cuatro pasos del proceso. Esta pequeña simplificación incrementó la recaudación en millones de libras.

Qué importante es crear ambientes donde realizar cualquier tarea —sea la que sea— resulte sencillo y agradable.

Quizá, como decía Antoine de Saint-Exupéry: «La perfección se logra, no cuando no hay nada más que añadir, sino cuando no queda nada más que quitar». La verdadera perfección no está en sumar elementos o pasos, sino en saber restar lo innecesario hasta que solo permanezca lo esencial.

Mientras redacto la reflexión de hoy, miro mi mesa de trabajo y creo que voy a tener que escribir a los de la fábrica japonesa para que me den algún consejillo de organización.

Un abrazo… siempre esenciales,

Fernando
Odres Nuevos

Reencuentros

Hola a todos, Paz y Bien.

El otro día, al final del comentario de “Unicornios”, os hablaba de esas personas que saben equilibrar el corazón y la razón. Personas que, cuando estás con ellas, te centran la vida. Yo las llamaba Personas Unicornio, enlazando con el título de aquella reflexión.

Hay autores que también se han referido a ellas. Hablan de personas que te mejoran, te motivan, te hacen crecer y ser mejor. Por ejemplo, Marian Rojas-Estapé se refiere a las Personas Vitamina: motivadoras, enérgicas y con buen humor; capaces de generar un ambiente positivo e inspirarte a superarte.

El gran Albert Espinosa, por su parte, habla de los amarillos, esas personas especiales —él las sitúa entre el amor y la amistad— capaces de cambiar tu vida para bien con solo estar presentes, sin necesidad de un contacto constante. Incluso afirma que, a lo largo de la vida, cada uno de nosotros encuentra 23 de esas personas especiales. Veintitrés “amarillos”.

Pues bien, la semana pasada, aprovechando unas reuniones que tenía en Cádiz, tuve la suerte de reencontrarme con uno de ellos: José María. Una de esas personas íntegras, que son faro para muchos de los que navegamos por la vida. Un amigo de siempre —le conozco desde pequeño y, sorprendentemente, recuerdo perfectamente el día que nos vimos por primera vez—. Una persona Unicornio, Vitamina y Amarillo.

De esos amigos con los que, aunque pasen meses sin vernos, al reencontrarnos la relación se retoma con la misma intensidad que si nos hubiéramos despedido la tarde anterior. Ya lo apuntaba Borges: «La amistad no necesita frecuencia. El amor, sí».

En un tiempo en el que, por culpa del uso (y abuso) en redes sociales, la palabra “amigo” ha perdido parte de su sentido original, poder compartir un rato con alguien que encarna el término en toda su profundidad es una auténtica gozada.

Os dejo con el poema de José Martí, Cultivo una rosa blanca, al que este “amigo sincero” puso música hace muchos años y que hemos cantado, junto a otros amigos, en numerosos encuentros:

Cultivo una rosa blanca,
en junio como en enero,
para el amigo sincero
que me da su mano franca.

Y para el cruel que me arranca
el corazón con que vivo,
cardo ni ortiga cultivo:
cultivo una rosa blanca.

Un fuerte abrazo… de los que se dan en los reencuentros,

Fernando
Odres Nuevos

[A los que recibís el comentario por whatsapp os envío también un audio de la poesía]

Día del Pilar – Día de la Hispanidad

¡Feliz día del Pilar! ¡Feliz día de la Hispanidad!

La fiesta de la Virgen del Pilar se celebra el 12 de octubre, lo cual coincide con la simbólica fecha del Descubrimiento de América y el Día de la Hispanidad. Fue en 1613 cuando el Concejo de Zaragoza decidió guardar el 12 de octubre para esta celebración, que posteriormente fue ratificada por el papa Clemente XII.

En 1945, el papa Pío XII ya se había referido a la Virgen del Pilar como «gran madre de la Hispanidad». En 1958, ese mismo pontífice llamó a la Virgen del Pilar “Reina de la Hispanidad”. Ya en los años 80, el papa Juan Pablo II la reconoció como Patrona de la Hispanidad en una oración:

Oración de San Juan Pablo II ante la Virgen del Pilar (1982)

Doy fervientes gracias a Dios por la presencia singular de María en esta tierra española donde tantos frutos ha producido. Y quiero encomendarte, Virgen santísima del Pilar, España entera, todos y cada uno de sus hijos y pueblos, la Iglesia en España, así como también los hijos de todas las naciones hispánicas. ¡Dios te salve, María, Madre de Cristo y de la Iglesia! ¡Dios te salve, vida, dulzura y esperanza nuestra! A tus cuidados confío esta tarde las necesidades de todas las familias de España, las alegrías de los niños, la ilusión de los jóvenes, los desvelos de los adultos, el dolor de los enfermos y el sereno atardecer de los ancianos. Te encomiendo la fidelidad y abnegación de los ministros de tu Hijo, la esperanza de quienes se preparan para ese ministerio, la gozosa entrega de las vírgenes del claustro, la oración y solicitud de los religiosos y religiosas, la vida y el empeño de cuantos trabajan por el reino de Cristo en estas tierras. En tus manos pongo la fatiga y él sudor de quienes trabajan con las suyas; la noble dedicación de los que transmiten su saber y el esfuerzo de los que aprenden; la hermosa vocación de quienes con su conciencia y servicio alivian el dolor ajeno; la tarea de quienes con su inteligencia buscan la verdad. En tu corazón dejo los anhelos de quienes, mediante los quehaceres económicos procuran honradamente la prosperidad de sus hermanos; de quienes, al servicio de la verdad, informan y forman rectamente la opinión pública; de cuantos, en la política, en la milicia, en las labores sindicales o en el servicio del orden ciudadano prestan su colaboración honesta en favor de una justa, pacífica y segura convivencia. Virgen Santa del Pilar: aumenta nuestra fe, consolida nuestra esperanza, aviva nuestra caridad. Socorre a los que padecen desgracias, a los que sufren soledad, ignorancia, hambre o falta de trabajo. Fortalece a los débiles en la fe. Fomenta en los jóvenes la disponibilidad para una entrega plena a Dios. Protege a España entera y a sus pueblos, a sus hombres y mujeres. Y asiste maternalmente, oh María a cuantos te invocan como Patrona de la Hispanidad. Así sea.

(Fuente El Confidencial)

Un fuerte abrazo… de los que sostienen,

Fernando

Odres Nuevos

Unicornios

Hola a todos, Paz y Bien.

Esta mañana he tenido una reunión y ha salido en varias ocasiones el término “unicornio”, en relación con esas startups, habitualmente con un fuerte componente tecnológico, que dan el bombazo y superan una valoración de más de 1.000 millones de dólares sin cotizar en bolsa.

Y ha empezado el cuento de la lechera. Uno decía: si hubiéramos invertido unos cientos de euros en tal empresa, ahora tendríamos miles. Otro: Pues si lo hubiéramos hecho en esta otra, lo mismo. Otro comentaba: Si hubiéramos apostado por Amazon (que no es una empresa unicornio, pero salió también en la conversación), habríamos multiplicado la inversión por mil. Y así, como la lechera del cuento, iba subiendo el beneficio y las futuras inversiones. Hasta que el más sensato del grupo —que no era yo, para qué engañarnos— recordó lo que muchas veces pasa en el mundo empresarial y en las corrientes económicas: las crisis.

Muchas empresas que hoy son muy potentes han pasado por periodos de crisis —bien internas o generales— que las han tenido, incluso, al punto de poder haber desaparecido. Y cuando llegan las crisis en las empresas es muy difícil mantener la calma, mirar a futuro y no vender. Cuando ves que los valores están cayendo de manera imparable, hay que tener mucha serenidad para contenerse, no vender y esperar que repunten (que en ocasiones no lo hacen).

Y aquí “el sensato” lanzó la frase categórica que nos despertó a todos: “Tus emociones tienen más fuerza que todas tus razones”.

¡Qué cierto! Dicen que las emociones preceden a los sentimientos que, a su vez, anteceden en muchas ocasiones al propio pensamiento.

Si esto lo llevamos fuera del mundo empresarial, a nuestro día a día, a nuestras relaciones, ocurre lo mismo. Y no creo que sea negativo, simplemente, hay que saber conjugarlo para que haya espacio tanto para el corazón como para la razón.

No se trata de tenerlo todo tan planificado que nos impida la sorpresa, la improvisación o la novedad. Tampoco de vivirlo todo con tal intensidad que, al primer tropiezo, nos liemos la manta a la cabeza “vendamos” y demos por cerrada la relación.

Cuando el corazón nos guía, la vida se vuelve más intensa. Arriesgamos más. Pero esto nos puede llevar a tomar decisiones sin pensar en consecuencias futuras. Por el contrario, si la razón toma el control, la vida se vuelve más planificada, más fría, sin esa pasión que nos enlaza a los demás de una manera especial.

Quizá, las personas unicornio sean aquellas que son capaces de equilibrar la vida entre la razón y el corazón.

Personalmente, no conozco ninguna empresa unicornio… pero sí a muchas personas que saben equilibrar el corazón y la razón. Personas que, cuando estás con ellas, te centran la vida. Quizá tú —que estás leyendo esto— seas una de ellas.

¿Cuál es tu persona unicornio? Seguro que te viene alguna a la mente sin pensarlo mucho.

Un fuerte abrazo… de los que nos equilibran,

Fernando
Odres Nuevos

Solitarios en contacto permanente

Hola a todos, Paz y Bien.

Esta mañana hemos estado en la presentación del Plan de Envejecimiento Activo y Prevención de la Dependencia de la Comunidad de Madrid. Se han expuesto las vías de actuación del plan, donde uno de sus puntos es potenciar actividades para prevenir el sentimiento de soledad. Como ya sabéis, se dice que la soledad no deseada es la epidemia silenciosa del siglo XXI.

Me vino a la mente una viñeta que publicó hace unos años el gran José María Nieto en relación con la ley que aprobó la Comunidad Autónoma de La Rioja, que prohibía que las mascotas estuvieran solas más de 48 horas y obligaba a sus dueños, entre otras cosas, a pasearlas dos veces al día.

Algo está fallando, algo no estamos haciendo bien, cuando una de cada tres personas se siente sola en esta sociedad de la hiperconexión y de las redes sociales. Cada vez estamos más conectados, pero menos comunicados. Como decía Zygmunt Bauman: «Somos solitarios en contacto permanente».

Si esta soledad la llevamos al mundo de las personas mayores y, más concretamente, a los mayores de España, podemos decir que hay cerca de tres millones de personas mayores que viven solas —mayoritariamente mujeres—. Según los datos del Observatorio Estatal de la Soledad No Deseada, un 43 % de las personas que viven solas en España tienen más de 65 años. Ojo, que otra franja de edad en la que la soledad no deseada está especialmente extendida es la de la juventud, con un 34,6 % entre los 18 y 24 años.

Esta soledad, la falta de visitas, de contacto directo, de roce con el otro, no se contrarresta con las relaciones superficiales que mantenemos en las redes sociales. No, Internet no es remedio para la soledad. Tenemos que buscar “relaciones de calidad”. En este sentido, el psicólogo Alfredo García Garate indica: «Hay que rodearse de aquellos con los que puedas ser aceptado, reconocido y con intimidad suficiente para poder compartir tus sentimientos, ya sean buenos o malos».

Qué importante lo de rodearte de gente con la suficiente intimidad como para poder compartir sentimientos, tanto buenos como malos, ¿verdad? En especial, tener un espacio de relación donde poder compartir los momentos difíciles —que también forman parte de nuestras vidas—, ya que en Internet vivimos —salvo contadas excepciones— en la burbuja de mostrar solo momentos buenos, fachadas, máscaras… y eso no es la vida real.

Están muy bien las leyes que protegen a nuestras mascotas y las redes sociales, pero algo tenemos que hacer para acercarnos a las personas que están en soledad, en especial a las personas mayores que se encuentran y se sienten solas.

Quizá una llamada a nuestros familiares mayores para ver qué tal están, o una visita a nuestros vecinos mayores para ver si necesitan algo (posiblemente lo que más necesiten sea esa visita), tal vez un voluntariado de acompañamiento o, simplemente, ser conscientes de que esta realidad de soledad no deseada existe… Ese ya sería un buen punto de partida para comenzar a hacer algo.

¿Cuándo fue la última vez que llamaste o visitaste a ese familiar, o a ese vecino mayor, que vive solo?

Me quedo con la frase de Gustavo Adolfo Bécquer: «La soledad es muy hermosa… cuando se tiene alguien a quien decírselo».

Un fuerte abrazo… de los que se comparten en persona,

Fernando
Odres Nuevos

Cinco minutos

Hola a todos, Paz y Bien.

El otro día comentaba con una amiga la necesidad que tiene la sociedad actual de meditar, de parar el ritmo diario, de encontrarse con uno mismo en algún momento del día.

Hace años me invitaron a participar en un grupo cristiano de meditación. Las sesiones se desarrollaban en la capilla lateral de una iglesia del centro de Madrid. Se hacía una lectura de la Palabra del día, se guardaba un tiempo de silencio para la reflexión personal sobre lo leído (habitualmente era el evangelio del día) y, después, se compartía en pequeños grupos con la gente que tenías más cerca.

Hasta aquí, todo normal. Lo que me sorprendió fue que muchas de las personas que acudían a meditar no eran ni católicas ni cristianas. Muchos de ellos eran personas que trabajaban cerca de la iglesia y, simplemente, necesitaban un espacio en silencio donde dedicar un momento de su día para detenerse y reflexionar de una manera guiada.

Vivimos en una sociedad en la que cada vez nos cuesta más tener momentos para nosotros mismos. Nuestros entornos están llenos de ruido y estímulos que nos impiden prestar atención a eso tan importante que es nuestro mundo interior. Necesitamos —porque muchas veces no somos capaces— espacios en los que nos inviten a apagar los móviles y centrarnos en nosotros, en nuestro interior, en nuestra vida. ¡Ojo! Que ya es un grandísimo paso buscar esos espacios.

Es indudable que la tecnología es necesaria y supone un avance en muchos sentidos, pero también implica un retroceso en el contacto personal y, especialmente, en concedernos momentos de silencio. Gracias a las redes sociales tenemos contacto con muchísimas personas, pero cada vez son menos las relaciones interpersonales directas. ¿Os habéis dado cuenta de que, desde que tenemos WhatsApp, hablamos mucho menos por teléfono con nuestros conocidos? Casi todo son mensajes de texto o audios, que no son conversaciones como tal: son mensajes directos, sin opción a que nos interrumpan, sin que el interlocutor pueda interesarse por algún matiz de lo que estamos transmitiendo.

Como bien ejemplifica el gran Liniers en su viñeta, hoy en día no sabemos aburrirnos porque no tenemos tiempo para ello. Todo nuestro tiempo libre, aunque sean cinco minutos en un trayecto de autobús, lo llenamos con el móvil.

Hace poco me llegó un vídeo del Dr. Mario Alonso Puig sobre la importancia de la meditación, aunque sean cinco o diez minutos al día.

En el vídeo explica que la meditación es un estado de quietud que tiene dos dimensiones: el samatha y el vipassana. Lo primero que hay que hacer es aquietar la mente —samatha— y, una vez calmadas las aguas, cuando puedes ver el fondo, es cuando comienzas a ver soluciones a problemas que antes parecían irresolubles —vipassana. Empiezas a descubrir que hay cosas en ti que, sin que tú mismo lo sepas, están impidiendo que encuentres la salida. Al calmar la mente, el cuerpo se relaja y podemos encontrar soluciones. Vivimos con un nivel de tensión al que nos hemos acostumbrado, que resulta muy dañino para la salud. (Os dejo el enlace al vídeo, por si tenéis curiosidad en verlo: https://youtu.be/c3VdDqNeDu8?si=UfBvpRA1MOqjzXmn).

Y no habla de horas de meditación al día, no. Habla de cinco o diez minutos diarios. “Cinco o diez minutos”, que no son nada —muchas veces se nos van horas muertas mirando reels en internet—, para aquietar la mente y asomarnos un poco a nuestro interior.

Decía San Francisco de Asís: “Empieza por hacer lo necesario; luego, haz lo posible y, de pronto, estarás logrando lo imposible.”

Pues eso: empecemos por cinco minutos al día de relajación y encuentro con nosotros mismos… y quién sabe lo que acabaremos logrando.

Un fuerte abrazo… de los que calman las aguas,

Fernando
Odres Nuevos