Hola a todos, Paz y Bien
El otro día, paseando por un pueblo, me encontré con un cartel de la Junta Vecinal anunciando el horario de verano de la biblioteca. Decía:
«A partir del día uno de julio, la Biblioteca Pública estará abierta todos los días hasta el 31 de agosto, de 11 a 13 de la mañana, para recoger libros o para leer dentro de la biblioteca. Si alguien no se le arregla en esas horas, para recoger libros pueden llamar al tif. 6** *** *** y quedar para otra hora.»
Más allá del horario, una frase me llamó la atención: «Si a alguien no se le arregla en esas horas… pueden llamar al teléfono y quedar para otra hora.»
Qué expresión tan bonita.
No dice: «Fuera de ese horario no atendemos». No dice: «Ese es el horario establecido». No dice: «Vuelva usted otro día». Dice, simplemente: «si no se le arregla…»
Es una forma de hablar que casi ha desaparecido, pero que encierra toda una manera de vivir.
Porque «arreglarse» no significa que uno ceda y el otro gane. Significa buscar un punto de encuentro. Adaptarse un poco cada uno. Entender que la vida del otro también existe.
Nos hemos acostumbrado a vivir rodeados de horarios inamovibles, procedimientos cerrados y respuestas automáticas. «Mi turno termina a las dos». «Eso no me corresponde». «La norma dice esto». Todo muy correcto. Todo muy eficiente. Pero, también, cada vez más deshumanizado.
Por eso sorprende encontrar un simple cartel que, en el fondo, viene a decir: «Si esa hora no te viene bien, llámame. Ya veremos cómo nos arreglamos.»
Y no es una frase lanzada al aire para quedar bien. No. Está escrita en un cartel, en la plaza del pueblo, junto a un número de teléfono personal. Alguien está dispuesto a adaptar su tiempo para que otra persona pueda llevarse un libro o disfrutar un rato de lectura.
Eso no solo habla de bibliotecas. Habla, y mucho, de las personas.
Porque si en un pueblo son capaces de buscar la manera de arreglarse para que alguien pueda recoger un libro cuando le venga bien… ¿os imagináis de lo que serán capaces cuando lo que necesite un vecino no sea una novela, sino ayuda de verdad? Ahí está la diferencia.
Hay lugares donde las normas, muchas veces, son el final de la conversación. Y hay otros donde las normas son solo el punto de partida para intentar entenderse.
Quizá nos iría bastante mejor si recuperáramos un poco esa filosofía del «si no se te arregla». En casa. En el trabajo. En la administración. Entre amigos. Incluso con desconocidos. Porque muchas veces el problema no es que no exista solución. Es que hemos dejado de buscar el arreglo.
Un fuerte abrazo… y, si no se te arregla uno, pues dos.
Fernando
Odres Nuevos
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