Hola a Todos, Paz y Bien
Cómo va el martes? Vaya «chaparrón» que nos cayó ayer por la noche en Madrid, verdad? Lo bueno es que refrescó un poco el ambiente, que hacía un bochorno tremendo.
Hoy quiero compartir con vosotros un cuentecillo del que me he acordado camino del Despacho. Se llama «Forastero en su Ciudad«.
Os cuento, os cuento: me dirigía al trabajo por la carretera por la que voy todos los días, pero… Sorpresa !!, como todos los días… «Atascazo» (cosa habitual en la carretera M-40).
El caso es que el Atasco me ha cogido a la altura de una salida en la que siempre me fijo y de la que siempre me pregunto: ¿A dónde llevará? Es una indicación que te saca de la M-40 y da la impresión que te lleva por una carretera paralela, pero nunca me había aventurado a ir por allí… Hoy, visto el atascazo que se presentaba, me he dicho: «peor no puede ser», jeje, así que con un golpecito de dedo al intermitente me he metido en la carretera, que, ciertamente, era «paralela» a la M-40 y que me ha dejado muy cerquita del Despacho.
Me ha resultado gracioso ir por esta carretera. Era como ir por la parte de detrás del camino de siempre. Las mismas cosas, pero por detrás… las mismas cosas, pero nuevas. Dando vueltas a esto, me he acordado del cuentecillo que os comentaba al principio y que aquí os paso.
Como siempre, espero que os guste y os toque en algo.
Un abrazote… de los que se dan por detrás.
Fer
Hoy vuelvo con los cuentecillos. Esta vez, un cuento sobre los ritmos de la vida… Qué, cómo lo veis? Cómo van vuestros «ritmos»?
Os puedo decir que es una canción que al escucharla por primera vez te interpela mucho (yo no la conocía), y más si te vas a hacer una experiencia de Misión, como es mi caso; pero si la escucháis con calma un par de veces os daréis cuenta que no hace falta irse de Misión a Mozambique para «dar la vida nueva», para no dejar pasar la vida en uno mismo…




