Hola a Todos, Paz y Bien
Aquí os dejo unas pequeñas «pinceladas» que he ido subiendo al facebook de Odres Nuevos durante el verano.
Un fuerte abrazo… de los de septiembre,
Fer
Hola a Todos, Paz y Bien
Aquí os dejo unas pequeñas «pinceladas» que he ido subiendo al facebook de Odres Nuevos durante el verano.
Un fuerte abrazo… de los de septiembre,
Fer
Hola a Todos, Paz y Bien
Lo bueno de las vacaciones, además de viajar y descansar, es el tiempo que se saca para uno mismo. Tiempo para leer, para pasear, para esos cafés con libro que me encantan; para sacar fotos, para estar con los míos y para hablar con muchos amigos – muchos de ellos del Blog Odres Nuevos – que, por el ritmo del día a día, me es imposible contactarles en otro momento.
En estas charlas por teléfono, por whatsapp, por mail… me estoy encontrando muchos “cántaros rotos”, muchas situaciones de rotura interior y exterior que frenan e impiden caminar y vivir la vida plenamente. De ahí el título de esta entrada: Se necesitan Alfareros de cántaros rotos.
Suena raro, ¿verdad? ¿Quién quiere algo roto? Sobre todo en estos tiempos donde ya no se repara nada. Lo roto, directamente, se tira y se compra “otro” nuevo que lo sustituya. Lo que está roto, lo que no es eficaz, lo que no produce… se aparta y se reemplaza por algo nuevo, más reluciente e, incluso, en muchas ocasiones, más barato.
Lo malo es que esta filosofía está calando tanto en nuestra sociedad que este pensamiento que aplicamos a las “cosas” lo empezamos a aplicar también a las “personas”. ¿Qué pasa cuando una persona se rompe? ¿Qué pasa cuando una persona no es productiva?
Y el problema no es sólo nuestra actitud hacia estas personas, sino la propia actitud de la persona que se rompe hacia sí misma. ¿Cómo confesarte “roto” en una sociedad que no acepta imperfecciones? ¿Cómo pedir un empujón en una sociedad que sólo mira hacia delante? ¿Cómo acercarte al otro sin miedo a que te rechace y te cambie por algo que no dé problemas?
Tenemos tanto miedo a rompernos, a que nos aparten o nos cambien por algo nuevo, que no nos arriesgamos a cambiar nada en nuestras vidas, aunque estemos hastiados de la rutina diaria. Tenemos tanto miedo a no ser perfectos ante los demás, que pasamos dudas y depresiones en silencio con una sonrisa en la cara.
Necesitamos alfareros de cántaros rotos que abracen nuestras mil piezas partidas en mil intentos y las compongan en una vasija nueva lista para romperse otras mil veces más si fuera necesario. Que nos den confianza para arriesgar con la única seguridad de saber que están detrás esperándonos… esperándonos a nosotros, no a nuestros resultados. Necesitamos alfareros que al vernos partidos por nuestros intentos y cambios no vean algo roto, sino el potencial de una vasija nueva… y es que nunca nadie va a cambiar si la mirada que transmitimos envía el mensaje de que contigo nada se puede hacer. Sólo se cambia si desde el otro lado vemos que el otro puede hacer con su vida algo maravilloso.
Leí el otro día una cita de Frida Khalo que decía: “Si yo pudiera darte una cosa en la vida, me gustaría darte la capacidad de verte a ti mismo a través de mis ojos. Solo entonces te darías cuenta de lo especial que eres para mí”.
Creo que debemos esforzarnos en esto mismo, en ser capaces de transmitir al otro, con nuestra mirada, con nuestros gestos, con nuestras palabras, lo importante que son para nosotros. Que sientan esa confianza de que sabemos que, estén como estén, pueden hacer con su vida algo maravilloso. Que si por un momento pudieran verse a través de nuestros ojos se sintieran tan seguros como un niño en el regazo de su madre.
Y reivindiquemos el valor de lo “roto”, que no es otra cosa que el valor de la experiencia. Cuando uno se rompe no vuelve al principio, no, vuelve al punto en el que se rompió para tomar otro camino distinto y seguir desarrollándose…y eso no es malo, es la forma de aprender, la forma de crecer.
Hay un cuento de Anthony de Mello que habla de una persona que iba por la vida y quería cambiar, pero cada vez que lo intentaba se la pegaba, se rompía. Ante esta situación, él mismo, ante su propia situación se decía: “no soy nada, soy un inútil, no valgo para nada”. Hasta que un día, de repente, apareció alguien y le dijo: “Hagas lo que hagas, lo único que no va a cambiar es que te voy a querer”. Y dicen que a partir de ese momento cambió.
Ojalá seamos esa persona, ese alfarero de cántaros rotos, que sepa decir con todo el corazón al que tiene cerca: “Hagas lo que hagas, lo único que no va a cambiar es que te voy a querer… aunque te rompas una y mil veces”.
Yo quiero ser alfarero de cántaros rotos… ¿y tú?
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Hola a todos, Paz y Bien
Dando gracias al finalizar el día… sobran las palabras.
Un abrazo lleno de gratitud,
Fer.
Hola a Todos, Paz y Bien
Como muchos de vosotros ya sabéis, dentro de unos días me voy una semanita a hacer -un año más- el Camino de Santiago.
Con ésta ya serán 7 las veces que hago el Camino de Santiago y cada vez desde distintos puntos de partida: Francia, León, Valladolid, Burgos, Ponferrada, Samos. Este año saldré desde O Cebreiro.
Es una experiencia única la de hacer el Camino de Santiago que, sin lugar a dudas, os recomiendo a todos tengáis la edad que tengáis.
El Camino te brinda momentos para disfrutar: del paisaje, de la gente del lugar, del resto de peregrinos, de la comida, de las cervezas heladas al finalizar las etapas; momentos para reflexionar -sobre todo en largas caminatas-, momentos de silencio, de fiesta, de sufrir, de orar, de perderse, de encontrarse, de dar gracias, de compartir, de maravillarse, de conocer, de reír, de festejar…
No es una ruta muy larga, pues desde O Cebreiro hasta Santiago habrá unos 160 km, pero es más que suficiente para desconectar y volver a las raíces, tanto de la tierra como de uno mismo. Sacar tiempo para pensar, para escribir, para dejarse maravillar y dejarse redescubrir por el Camino y sus gentes. Recargar pilas, llenar los pulmones del aire fresco de Galicia, despejar la mente y llegar, al final del Camino, al tan esperado abrazo con Santiago en la Catedral.
¡Qué ganas tengo ya de salir!
Estos días os iré contando anécdotas del Camino… para ir haciendo boca.
Un abrazo… de peregrino,
Fer
Hola a Todos, Paz y Bien
Qué bueno sería si siempre eligiéramos lo mejor, recibiéramos lo mejor y, sobre todo, ofreciéramos lo mejor.
Aquí va el mejor de mis abrazos,
Fer
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Hola a Todos, Paz y Bien
Me encanta encontrar una memoria usb perdida y ver qué tiene… es como cuando encuentras una libreta de hace muchos años y vuelves a leer lo que escribiste en ella.
Esta ha sido mi sorpresa al abrirla… Ohhhh, Mozambique ¡¡¡Qué buenos recuerdos!!!
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Hola a Todos, Paz y Bien
La alimentación es muy importante en los enfermos de Alzhéimer. Tenemos que estar muy atentos a cómo se comportan en las comidas e intentar siempre mantener su autonomía.
Aquí os dejo unos consejos para los trabajadores o familiares que cuidéis a personas con Alzhéimer*.
Disfagia es el término médico que designa cualquier dificultad o molestia al deglutir (tragar).
La alimentación en enfermos de Alzhéimer en fase avanzada.
Un abrazo,
Fer
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Hola a Todos, Paz y Bien
«Los que sueñan de día son conscientes de muchas cosas que escapan a los que sueñan sólo de noche«. — Edgar Allan Poe
Bajaba las escaleras mecánicas de la línea 1 pensando en mis cosas, en el día y en los mil proyectos que siempre tengo en mente. Mientras me dejaba llevar, absorto en mis pensamientos, escuchaba de fondo como alguien comenzaba a afinar una guitarra.
Todavía estaba muy arriba de la larga escalera y no podía ver a la persona que estaba afinando, pero, poco a poco, mientras iba bajando, empecé a descubrirlo: primero una funda de guitarra tirada en el suelo con un pequeño cartel que no conseguía leer, luego los pies, las piernas, la guitarra y por fin la cara de un chico joven concentrado en el sonido de las cuerdas y en mover las clavijas.
Por el momento, algo bastante habitual en el Metro de Madrid.
Mientras me acercaba al guitarrista, pues estaba al final del pasillo que comunicaba con mi andén, intentaba descifrar lo que decía el pequeño cartel apoyado en la funda. Pensé que pondría algo así como «Se vende Cd», o un «Una ayuda»… pero no, cuando ya estaba frente a frente con el joven guitarrista pude leer claramente lo que anunciaba su cartel.
No pedía nada, no vendía nada, todo lo contrario… me regalaba su ilusión, me hacía partícipe de su proyecto y, sobre todo, me daba ejemplo y me animaba a no olvidarme de mis sueños, a no rendirme.
«Yo tengo un sueño. No me rendiré»
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No dejemos de luchar por nuestros sueños… pues es la forma de conseguirlos.
Me despedí de él con un: Suerte con el Sueño y !Gracias por el recordatorio!
Un fuerte abrazo a Todos… de los que transmiten ilusión,
Fer .
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